PEQUEÑOS GRANDES LIBROS

Publicado: 9 de septiembre de 2012 en LA ESQUINA DEL ARTE
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Con la llegada del otoño llegan a las librerías no sólo las novedades de los autores más populares y vendidos. Las editoriales con vocación literaria apuestan por una oferta de pequeñas joyas de Scott Fitzgerald, Imre Kertész, O. Henry, Maria van Rysselberghe o Shirley Jackson para demostrar que hay vida más allá del best seller.

– «Hace cuarenta años», Maria van Rysselberghe (Ed. Errata Naturae):

Errata Naturae presenta a Maria van Rysselberghe como «una de las más fascinantes escritoras secretas de todos los tiempos», y no es para menos. Su obra literaria, breve pero de culto, permanecerá por siempre ligada a la historia de su marido, el pintor Théo van Rysselberghe. Amiga de André Gide, con el que su hija tendría una intensa relación, en este intenso libro la autora belga desgrana los sinsabores de una bella historia de amor imposible. La de Maria y Émile, quienes a finales del siglo XIX viven una pasión arrebatadora en una playa del Mar del Norte.

– «Caída y auge de Reginald Perrin», David Nobbs (Ed. Impedimenta):

Para comenzar con buen pie la «rentrée» en el año de su tan bien llevado quinto aniversario, la editorial Impedimenta regala a sus lectores un libro con el que combatir la «depre» posvacacional a carcajadas. Se trata de «Caída y auge de Reginald Perrin», singular obra, escrita por David Nobbs, que inspiró una de las comedias televisivas más famosas de la televisión británica. Su protagonista es un mediocre comercial, sometido a su jefe y con una vida anodina, que un día decide desaparecer, simular su propio suicidio y adoptar una segunda identidad para empezar de cero.

– «Siempre hemos vivido en el castillo», Shirley Jackson (Ed. Minúscula):

Tal y como nos tiene acostumbrados, Minúscula recupera para deleite de los buenos lectores «Siempre hemos vivido en el castillo», magistral novela que Shirley Jackson publicó en 1962 y que en España ya publicó Edhasa a principios de la década de los 90. Esta obra maestra de la literatura gótica de suspense vuelve a las librerías con nueva traducción y posfacio de Joyce Carol Oates. En ella se cuenta la historia de la familia Blackwood, cuatro de cuyos miembros murieron a causa de una comida envenenada. Los supervivientes al envenenamiento han vivido durante seis años en el castillo, acosados por el odio y el miedo de los aldeanos.

– «A propósito de Abbott», Chris Bachelder (Ed. Libros del Asteroide):

Definida por Libros del Asteroide como una de sus «apuestas de la temporada», «A propósito de Abbott» es una divertida e inteligente novela sobre la paternidad y sus trampas. Su autor, Chris Bachelder, despliega en ella una sutil ironía, fruto de la cual la novela está plagada de escenas antológicas. Su protagonista, Abbott, es un profesor universitario, padre de una niña de dos años y amo de un perro miedoso, cuya esposa embarazada padece insomnio.

– «Islas flotantes», Joyce Mansour (Ed. Periférica):

La primera novela que se traduce al español de Joyce Mansour llegará a las librerías a finales de septiembre. Muy lejos de ser una novela de fácil digestión (no hay espacio aquí para el «fast food» literario), «Islas flotantes» muestra la enfermedad y el sexo sin tapujos ni eufemismos, pero con una extraordinaria prosa. No obstante, Mansour es una de las voces más potentes de la literatura francesa de la segunda mitad del siglo XX. Vinculada al grupo surrea­lista de André Breton en París, su obra refleja una profunda angustia existencial y una obsesión hacia la enfermedad y la vejez.

– «Nada. Retrato de un insomne», Blake Butler (Ed. Alpha Decay):

A medio camino entre el ensayo y la novela, el libro de memorias y el «vómito» narrativo fruto de la ansiedad, en su primera obra de no ficción el estadounidense Blake Butler reflexiona de forma casi agónica sobre el insomnio que padece. Comparado por la crítica con Danielewski y cercano a la intrigante atmósfera del cine de David Lynch, Butler goza de un talento narrativo incontestable que en este libro emplea para sumergirse en los oscuros abismos de la vigilia nocturna.

– «Cartas a Eva Haldimann», Imre Kertész (Ed. Acantilado):

En 2002, el judío húngaro Imre Kértesz obtenía el Premio Nobel de Literatura. Aquel hombre había sobrevivido en su adolescencia a los campos de exterminio de Auschwitz y Buchenwald. Acabada la guerra, el comunismo le tomó por un burgués al que no podía hacer mucho caso. Durante décadas, vivió prácticamente en el olvido, superviviente una vez más dentro de su casa de 29 metros cuadrados. Allí escribió «Sin destino», una de las grandes novelas del siglo XX. Entre 1977 y 2002, Kértesz mantuvo una extraordinaria correspondencia (humana y literaria) con la crítica Eva Haldimann, un libro que al soslayo del ensayo y la autobiografía nos presenta en primera persona a un autor de gigantesca categoría.

– «La adolescencia de Basil Duke Lee», Francis Scott Fitzgerald (Ed. Rey Lear):

En 1928, Francis Scott Fitzgerald, a sus treinta y dos años, ya era un escritor conocido, autor de una de las novelas más famosas del siglo XX: «El gran Gatsby». En ese momento trabajaba en otro de sus grandes títulos, «Suave es la noche», pero su ritmo de vida necesitaba mucho cash. Por ello publicaba historias en la Prensa con las que ganarse unos cuantos pavos con los que costearse su derrochadora vida. Así nació «La adolescencia de Basil Duke Lee, publicada en el Saturday Night Post. Cobraba 3.500 dólares por capítulo, y se trataba de una novela marcadamente autobiográfica (espléndida) a la que hoy se tiene por preclaro antecedente de «El guardián entre el centeno», de Salinger.

– «No saldré vivo de este mundo», Steve Earle (Ed. El Aleph):

Steve Earle es uno de los grandes músicos actuales de los Estados Unidos. Vaquero rojo, Steve pasó por la cárcel, cuando la música lo dejó vacío y se llenó de otras sustancias. Ser rocker no es ser un cutre, y Earle sabe lo suyo. Como lo deja claro en las canciones que escribe y canta y como ya lo hizo en un libro de relatos extraordinario: «Rosas de redención». Ahora, llega su primera novela, cuyo título es el de una de las mejores piezas del cantante de country Hank Williams. Estremecedor, Earle te pone un nudo en las tripas. Hizo el mal y sabe cómo se sale más o menos vivo de él.

– «Historias de Nueva York», O. Henry (Ed. Nórdica):

Su vida fue de película aunque naciera antes del cine, hace siglo y medio. Tras pasar tres años en la penitenciaría por un desfalco en un banco en el que trabajaba, William Sydney Porter cambió su nombre por el de O. Henry y decidió dedicarse a la literatura para convertirse en uno de los grandes narradores de relatos cortos de los Estados Unidos. De hecho, «un final a lo O. Henry» significa lo que fue su seña de identidad, los sorpresivos finales. En este libro, el escritor se siente impresionado ante Nueva York, una megalópoli que en 1900 tenía cuatro millones de habitantes. Subyugante.

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comentarios
  1. Geniales editoriales…. Destaco Impedimenta y “Caída y Auge de Reginald Perrin”, esa serie me trae muy divertidos recuerdos

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